¿Implican acaso que estaría mal colocar a Harry Potter junto a la figura más sabia y mágica de nuestro país, el Príncipe del Carnaval de Chalchocomulco?

Reivindiquemos el nombre del Príncipe del Carnaval de Chalchocomulco y dejémonos de mamadas de que somos "apiñonados", "morenos claros" o "blanquitos cuando no nos da el sol por una semana":Somos mestizos y morenos. ¡Somos guapos así, chingao! Bueno... tampoco nos engañemos: en realidad estamos feísimos, pero NO por el color de nuestra piel, sino por factores de nuestro desarrollo, como la postura que adoptamos tras cargar durante toda la primaria una mochila con libros bobos sobre árabes matemáticos, del triple de nuestro peso, viajar regularmente en la línea uno del metro, entrarle con fé a los cazares y tener como modelos de belleza a Verónica Castro y Enrique Peña Nieto.
¿Para qué queremos ser blancos, lechosos y venosos? También los blancos son feísimos, recuerden por favor a Santiago Creel cuando le hacen close up, o a George Bush en ropita de golf. Y Tim Burton pambacea al pobre Johny Depp y a Elena Bonham Carter (a la que además le exprime las chichis para que le resalten) en cada película... ¡porque es un NECROFÍLICO tímido y pésimo bailarín, no porque esté bien!
Además, a los niños que no se comen sus betabeles para no agarrar color y quedar como Macaulay Culkin se los chupa la bruja y les pasa lo que a Michael Jackson, ¿eh? Se queman con la pirotecnia mientras hacen comerciales de la Pecsi, y después se mueren bien culero a unas horas de su regreso a los escenarios, ahogados de deudas y con su papá malo riendo triunfante.
El comentario más racista que he padecido en México, (y que muchos incautos calificarían de halago) emanó de los labios de una mujer que padecí durante algún tiempo y que se distinguía por ser la persona que más jícamas con chile he visto comer en mi vida y tener el poder mutante de limarse las uñas eternamente durante horas de oficina. El comentario fue el siguiente:
-Ay, pero tú eres blanco.
-No, no mames, yo soy moreno; jamás pasaría por blanco más allá de Pachuca, Hidalgo.
-¡Ay, pero cómo crees! Moreno ese de allá (
señala a un colega que se distingue por tener sangre de negro cambujo), pero tú eres blanco.
-Que no, chinga. Blanco, ese de allá (
señalé a un pobre francés de saquito de pana, que se escoria y estalla en llamas con la luz del día); yo soy moreno, al igual que nuestro colega negro cambujo.
-Pero lo que pasa es que aquí en México tú eres blanco y el francés es extranjero. (!!!!)
Por eso yo digo: Abajo los que ponen los nombres a las películas y arriba el Príncipe del Carnaval de Chalchocomulco.